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Chocolate (posiblemente del nahuatl xocolätl)

por Antonio Sierra
Artículo publicado originalmente en Brit Es Magazine #0Dreams en Diciembre de 2016. Liberado hoy, en su versión on-line, para estos días de confinamiento en los que la gastronomía, y posiblemente el chocolate, nos están ayudando a vivir y dando placer no solo a los sentidos, sino también al alma y a la razón ¡pasen y lean! y si es con una tableta de chocolate, ¡mejor! / Ilustración: © Pablo García García.

El chocolate no necesita ni presentación ni traducción. Es conocido por la mayor parte de la población mundial y puede ser considerado como el ingrediente de los sueños culinarios de cualquier cocinero.

¿De Ecuador o de Mesoamérica? Aun no está claro el primer lugar donde el chocolate fue ofrecido a los dioses y a los guerreros, es decir, de qué parte latina del continente llegó con su cultura y su significado este regalo divino que ha unido -o separado- en los tiempos y en los ingredientes a los gourmets de toda Europa.

Ya sea el chocolate a la taza -tan arraigado y tradicional en la España burguesa de los siglos XVIII y XIX-, solo comparable con el Tea Time inglés, o el afán británico por conseguir un chocolate “de mano” o en tableta para sus ocurrentes picnics, nunca ha pasado esta delicia dejando un mal sabor de boca a nadie.

Los grandes y los famosos cocineros del mundo han recurrido a la manteca extraída de los granos de cacao como colofón a los sinfines de delicias servidos en menús degustación o en recetarios milagrosos en programas televisivos.

Así el maestro de maestros, español y creador de la cocina molecular, Ferran Adrià, se despedía de sus comensales con una caja de madera rellena de 17 tipos diferentes de chocolates y de elaboraciones del mismo, al mejor estilo de la figura creada por Roald Dahl, Willy Wonka.

Chocolate©PabloGarciaGarciaBritEsMagazine

Chocolate © Pablo García García for Brit Es #0Dreams

Heston Blumenthal, otro exponente muy importante de la cocina científica, esta vez en territorio anglosajón, apuesta incluso por el chocolate como elemento salado en alguno de sus platos, como el famoso “Melt my heart” que realizó para San Valentín y que contenía entre otras cosas chocolate blanco, vieiras y crema de mejillones. Con esto, se vuelve otra vez al principio y al uso que se hace en México del chocolate en platos tradicionales como los moles.

Con el fantástico postre llamado “Anarquía de chocolate”, obra del que fue mejor Pastry Chef del mundo en el año 2014, Jordi Roca, se entona una oda de admiración a nuestro ingrediente estrella. Como ganache, espuma, gelatina, mouse, bizcocho, helado, y otras muchas más formas, presenta el girondense el chocolate en su plato, para gusto y delicia tanto de creador como de comensal.

Claro que tampoco se puede olvidar a la persona, que ha hecho que el suntuoso sabor del chocolate vuelva a nuestras vidas, fuera de la ruta de los grandes cocineros y sus restaurantes, la conocida Nigella Lawson. Reina de la exuberancia de mantecas y de mantequillas, de sensualidad de azúcar y de nata para todo, con sus programas televisivos y sus libros, en el mismo tono decadente como puro chocolate derretido, hace que los “cakes” ingleses nos esperen en los modernos rincones ideados para el café por toda la geografía ibérica. Su “Chocolate & Guiness cake” es lo más parecido a un baño de erotismo y cremosidad chocolatera para adultos.

Plebeyos y aristócratas, artistas y filósofos, pequeños y grandes, todos encuentran en el chocolate un refugio para soñar y degustar el sabor onírico de esta semilla gigante que ha unido al mundo sumiéndolo en una adoración extrema.

No habrá nunca brechas que puedan separar a los amantes de uno de los productos más universales, que como el arte, se expresa en todos los formatos creíbles ofreciendo placer, no solo a los sentidos sino también al alma y a la razón, y porque no decirlo, dando sabor a los sueños.

Imagen © Pablo García García / Brit Es

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