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Francisco Ramos, el productor tras “El hombre de las mil caras”

by Guido Benedicto
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Nos encontramos en una cafetería de Leicester Square con Francisco Ramos, productor de “Los lobos de Washington”, “El método”, “Zipi y Zape” e «Ismael» entre otras. Su última producción, “El hombre de las mil caras” / “Smoke & Mirrors”, se ha presentado en la sección THRILL del BFI London Film Festival. La película se ha erigido como una apuesta firme en el panorama internacional.

Nos encontramos en una cafetería de Leicester Square con Francisco Ramos, productor de “Los lobos de Washington”,  “El método”, “Zipi y Zape» e «Ismael» entre otras.  Su última producción, “El hombre de las mil caras” / “Smoke & Mirrors”, se ha presentado en la sección THRILL del BFI London Film Festival. La película se ha erigido como una apuesta firme en el panorama internacional. 

¿Cómo es trabajar con Eduard Fernández?

Desde “Zapping” he podido trabajar con él en cuatro ocasiones, es muy inteligente y exigente, los directores le adoran. Posee una capacidad para elaborar un personaje que con pocas palabras tiene un control absoluto de lo que está pasando a su alrededor. Y eso que la narración va por detrás -lo cual me gusta mucho de esta película-, no narra lo que está en la cabeza de Paesa (Fernández) sino que es un narrador externo, es decir, lo que Alberto (Rodríguez, el director) quiere que tú veas.

Estamos ante un thriller, pero tiene algo de comedia.

Si estuviese aquí Alberto te diría que es una comedia, yo lo veo más como un thriller, pero para Alberto es una comedia de pícaros, ladrones, y sinvergüenzas,  y eso se nota en la película. 

Paesa se ha autoconvencido de que Francia es un lugar seguro y que si sale de ahí le van a matar. Yo creo que es su forma de confirmar su mito. No creo que nadie le quiera matar en España. Pero para él la perpetración del mito es importante de alguna manera, convencerse de que es una leyenda.

Cuéntanos tu experiencia con Alberto Rodríguez.

Yo no había hecho nunca un largometraje con él, le da vueltas a todo,  es muy preciso y meticuloso. A los directores perfeccionistas, a veces, hay que cerrarles las pelis, algo que les cuesta mucho. A los productores nos cuesta poco, y esta película tenía cosas de montaje que fuimos cambiando hasta el final. De hecho, el primer acto está completamente cambiado entre el guión y los primeros cortes de la película. De repente Alberto decidió que Roldán apareciera antes. Eso es algo que nos llamó la atención, que Roldán apareciera antes. Y eso surgió durante el montaje. 

¿Y la experiencia del rodaje?

Fue una experiencia buena y el equipo se lo pasó muy bien haciéndola. Fue un rodaje complejo, con 200 secuencias y había días que había que rodar en dos localizaciones, con lo que eso conlleva. El equipo tenía que ir corriendo de un lugar a otro y muchas veces tenía que dividirse para luego poder rodar. Pero fue una experiencia muy buena para todos.

El hombre de las mil caras

¿Cómo fue utilizar París como localización?

Sobre rodar en París, fue relativamente fácil ya que lo hicimos usando una empresa de servicing francesa que te ayuda a grabar en Francia. Sin embargo, en París solo estuvimos dos semanas y  rindió mucho porque cuando ves la película parece que casi la mitad se desarrolle en esa ciudad. El concepto que tiene el espectador es que está más tiempo en París que en Madrid. 

La división en capítulos de la historia ¿cómo surgió?

Eso estaba en el guión. Lo que no estaba en el guión eran los falsos documentales y la retransmisión de informativos que ayudan a construir la tensión narrativa. Lo de capitular la historia sí que estaba, porque además tiene que ver con los personajes a medida que van apareciendo. Y sobre todo divide la trama en tres puntos importantes, Roldán, Juan Alberto Belloch y cómo se orquestó la entrega desde Laos.

Creo que en cuestiones de estilo de director, como productor no hay que meterse, sobre todo cuando tienes una claridad de ideas. Es un estilo muy interesante. Es un argumento que despista y eso es bueno, y más aún hoy en día, donde se tiene la sensación de que puedes predecir los acontecimientos de una película. Se tiende a hacer películas masticadas, pero ésta no lo está. Hay una cuestión de confianza en la visión del director. 


Habéis contado con Antena 3 y con Telefónica como inversores.

Y sin ningún problema, ya llevo una trayectoria con ellos y el equipo funciona. Se han portado impecablemente. Han ganado dinero conmigo por lo que supongo que estarán contentos. En España no es como en Estados Unidos donde todo es cuadriculado, donde se espera un producto. Creo que en nuestro país son mucho más flexibles, sobre todo con un director como Alberto. Antena 3 había participado también en “La isla mínima”, dirigida también por él y con la que yo no tengo nada que ver, y estaban obviamente bastante contentos.

Es un argumento que despista y eso es bueno, y más aún hoy en día, donde se tiene la sensación de que puedes predecir los acontecimientos de una película. Se tiende a hacer películas masticadas, pero ésta no lo está.

¿Sabes si Paesa y Roldán han visto la película?

Tanto Paesa como Roldán han dicho que no la van a ver. Paesa se ha autoconvencido de que Francia es un lugar seguro y que si sale de ahí le van a matar. Yo creo que es su forma de confirmar su mito. No creo que nadie le quiera matar en España. Pero para él la perpetración del mito es importante de alguna manera, convencerse de que es una leyenda.

¿Cómo está siendo recibida la película fuera de nuestras fronteras?

Está siendo muy bien recibida. En los demás países ha funcionado como si fuese una historia de John Le Carré, al más puro estilo “Tinker Tailor Soldier Spy”. Y todas las películas de Le Carré están basadas en hechos reales. Aquí, en Gran Bretaña se ven como “conspiranoicas” y fuera como thrillers de espías. En Francia también se hacían este tipo de películas y por eso ha funcionado muy bien. Por otro lado, es parecida a las historias de Sydney Pollack de los setenta y los ochenta.

Una película en la que no conectas con el personaje, por muy deleznables que sean sus actos, de alguna manera fracasa como tal.

Cuando el espectador en su país está implicado políticamente -aunque solo sea por ser de ese mismo país donde transcurre la acción- se tiene una percepción distinta. Eso, por ejemplo, le pasa a Ken Loach en Reino Unido comparado a cómo es recibido fuera de su país. Esa es la ventaja de la película fuera de España, que no se ve con una carga socio-política.  

¿Puede el espectador terminar empatizando con los personajes reales?

Yo creo que se empatiza más con las aventuras del personaje que con el personaje real. Una película en la que no conectas con el personaje, por muy deleznables que sean sus actos, de alguna manera fracasa como tal. En “Wall Street”, el espectador empatiza con Michael Douglas todo el tiempo y moralmente es un personaje más que criticable. Nos hemos encontrado espectadores que se sienten molestos por empatizar con Roldán, sin embargo, no lo hacen con él, sino con sus aventuras. Y esa es la base del espectáculo.

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