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Gemma Pardo, la artista tranquila

by Santi Yagüe
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Llegó directa desde Viveiro (Galicia) hasta la capital británica hace ya 14 años. Y lo hizo para quedarse. Lo tenía claro: lo suyo era el arte. Casi tres lustros después lo ha demostrado haciéndose un hueco en el panorama artístico de la ciudad. ¿El truco? Su visión paciente de la vida. Foto © Noela Roibás

Foto © Noela Roibás

Llegó directa desde Viveiro (Galicia) hasta la capital británica hace ya 14 años. Y lo hizo para quedarse. Atrás dejaba unos estudios de Psicología aún por terminar, pero sobre todo dejaba atrás su más que añorado mar. Lo tenía claro: lo suyo era el arte. Casi tres lustros después lo ha demostrado haciéndose un hueco en el panorama artístico de la ciudad. ¿El truco? Su visión paciente de la vida.

Un buen ejemplo de ese logro es su participación el pasado mes de noviembre en el opening organizado por Spain Now! en la galería Hanmi de Londres, donde expuso su proyecto ‘Without Limits’ (‘Sin Límites’). Una excusa perfecta para charlar con ella largo y tendido.

Cuando expuse ‘Finisterre’, había una pareja de señores mayores; el hombre decía: “esto es súper relajante, me hace sentir bien”, y la señora decía, “pues a mi todo lo contrario, parece que me esté ahogando”. Eso sí, los dos se quedaron hasta el final.

En tu proyecto audiovisual ‘Sin Límites’ pones como protagonista a una persona, pero si vemos tu obra en general, no es lo habitual ¿no? Es verdad, mi obra siempre tiene referencias a los paisajes. En ‘Sin Límites’ también había algunas imágenes del mar, pero no del mar solo. Son paisajes de mar y de horizontes pero en los que siempre se ve un elemento humano.

Hará como siete años me dije “estoy harta de estar siempre mi, mi, mi y que siempre seamos el centro de todo”. Entonces me puse a mirar un poco hacia fuera, lo que tenía alrededor. Y yo, que siempre fui un poco ecológica, empecé a mirar el paisaje y los ciclos vitales. Me intenté poner desde otra perspectiva temporal y espacial: cuando ves un glaciar, nosotros no somos nada. Nosotros nos iremos y esto seguirá. Me apetecía ponerme en esta perspectiva de algo más global. Sin ser trascendental, eso sí. Que la gente se siente a ver algo y que de alguna forma contemple una imagen. La idea es poder observar y contemplar lo que tenemos enfrente.

Por lo que dices, parece que vas justo en contra de la tendencia actual: todo es cada vez más frenético y en píldoras más pequeñas. ¿Estamos preparados para sentarnos y contemplar? En el fondo todos necesitamos parar y mirar un día un amanecer. Y conectar. Necesitamos contemplar y ver nuestro impacto: eso somos nosotros también.

Cuando expuse ‘Finisterre’, había una pareja de señores mayores; el hombre decía: “esto es súper relajante, me hace sentir bien”, y la señora decía, “pues a mi todo lo contrario, parece que me esté ahogando”. Eso sí, los dos se quedaron hasta el final. Y yo dije, pues genial, porque al fin y al cabo son 20 minutos de olas. Nada más. Es algo muy ordinario. A la gente le hace falta a veces.

Los artistas, cuando exhibís vuestra obra, ¿cómo sabéis si funciona de una manera o de otra entre el público? ¿Piensas en ello? Yo, cuando la estoy haciendo, no. La verdad es que soy muy egoísta (risas), pienso en lo que quiero decir o en lo que la obra me pide, lo que tengo que hacer -aunque suena pretencioso, lo sé-. Sin pensar en nadie más. Después, me gusta que esto no sea una paja mental mía… Que le diga algo a alguien más. No pienso en quién lo va a ver pero una vez que lo exhibes te gusta que la gente se plantee cosas, que llegue un mensaje.

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Fotos de ‘Sin Límites’ © Noela Roibás

Así que no lanzas un mensaje concreto… ¡No, qué va! Yo creo que mi obra es bastante directa. Es bastante intuitiva y natural; es bastante en tus narices. Que yo luego intente decir otras muchas otra cosas ahí, pues sí. Creo que cada persona proyecta lo que en esos momentos está pensando. No quiero decirle a una persona esto es lo que tienes que pensar, o esto es lo que está bien o lo que está mal.

Lo que quiero es que la gente se plantee cosas. ¿Qué son las mismas que me planteo yo? Pues hombre, bien. Pero si son otras, pues mejor. Solo quiero que les diga algo. No quiero que sea una de esas imágenes en movimiento que te vende cosas.

Además, yo creo que hay fases en la vida. Ahora mismo estoy en esta fase, pero no puedo decir lo que voy a hacer mañana. Tal vez en un mes me da por hacer una cosa totalmente distinta.

¿Cuándo miras atrás sí que puedes diferenciar esas fases? Sí, antes pintaba más y ponía mucha más gente en mis trabajos. Incluso también me ponía yo como protagonista. La cámara se movía mucho más. Había mucha más edición. Era algo más artificial, más intervenido. La obra era más simbólica y teatral: trabajaba más con actores, el paisaje era más un telón de fondo. Tuve esa fase y ahora tengo esta. Estas fases van conmigo, con mi vida. No soy tan consciente. Nunca he pensado ‘tengo que hacer esto’ o ‘ahora hay esta tendencia’. Hago lo que necesito hacer en ese momento.

No quiero pensar que quiero hacer las cosas así toda la vida. Tal vez un día el cuerpo me pida no hacer más cámara estática y empiece a moverme con mi cámara por ahí. No tengo ni idea (se ríe). La vida está llena de sorpresas.

Aunque yo intento expresarme a mí misma en mi trabajo, influye mucho la fase vital en la que estoy. Hago lo que me apetece hacer en cada momento. Tal vez tengo una idea inicial de algo, salgo por ahí a grabar, y cuando empiezo a editar, me da un cambio radical y hago otra cosa. Es muy instintivo. Realmente necesito que todo sea un poco primario, animal; que te venga una idea a la cabeza y que esté ahí, rumiando.

No tendría un hijo si pensara que las cosas pudieran ir a peor.(…) El pasado influencia al presente, y este presente va a influenciar al futuro

Pero al mismo tiempo tus obras están cargadas de conciencia social: ¿Hay cabida para la reivindicación en el arte? Claro, sí. Cierto tipo de artistas entramos en este saco sobre las consecuencias de nuestra actividad. En mi caso, desde el punto de vista ambiental. Consecuencias de lo que hacemos y de cómo repercute en nuestro alrededor. Pero yo no soy una persona negativa, para nada, todo lo contrario. No tendría un hijo si pensara que las cosas pudieran ir a peor. Pero creo que sería inmoral no tener esa conciencia de lo que estamos haciendo y pensar que no va a pasar nada después. El pasado influencia al presente, y este presente va a influenciar al futuro.

¿Y cómo influye tu presente (en Londres) y tu pasado (en Galicia) en todo lo que haces? Me influye mucho. Londres es una ciudad que está todo el tiempo en movimiento. Está llena de creatividad. Estás en contacto con ideas nuevas, con formas nuevas. Lo quieras o no. Pero se echa de menos el mirar más, el contemplar y apreciar más algo que sea natural, una percepción diferente del tiempo. Aquí el ritmo de vida es muy acelerado.

Y Galicia… ¡Es que yo soy galleguiña de la cabeza a los pies! En mi obra se ve todo. Empezando por Finisterre y pasando por todas las localizaciones que hago en las que siempre está presente el agua. Lo está por muchas razones, pero una de las más importantes es que yo crecí al lado del mar. Lo veo de forma muy romántica. Hasta los 18 años iba todos los días a ver el mar. Era algo que tenía que hacer, como si fuera un imán. Me ha influido muchísimo.

Pues ya queda claro de donde viene tu pasión por al agua, tan presente en tus creaciones… El agua es universal, todos podemos interpretarlo. En todas las religiones, en todas las culturas, el agua tiene significados. Yo me he criado con una educación católica romana apostólica y quieras o no el agua ahí es un simbolismo de vida y eternidad. Me gusta ir a los sitios en los que hay agua. Y encima tiene un juego visual muy fuerte: poder jugar con reflejos, con movimiento. Me atrae. Cuando lo veo, tengo que grabar sí o sí. Es irresistible.

¿Qué va a ser lo próximo que veamos made by Gemma Pardo? Pues no lo sé seguro. Ahora estoy trabajando en un proyecto sobre una islita muy pequeña aquí en Gran Bretaña y está medio hecho, pero como te decía antes, nunca sé por dónde acabaré saliendo. Seguramente lo más inmediato sea una mini-publicación.

Pues seguro que en este tiempo de creación necesitas que las musas te visiten. ¿Qué referentes te inspiran? Pues muchos. Por ejemplo, Tacita Dean. Me encanta esta mujer. También me gusta mucho Tarkovski. Y Richard Long, porque sus esculturas son muy orgánicas, primitivas, existenciales… es decir, que forman parte de la vida. Ahora me ha dado por leer mucha Historia y, sobre todo, biografías.

¿La última que has leído? La de Caravaggio. Me gusta muchísimo. Pero vamos, a mí lo que me inspira es el día a día (risas).

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Lee el ‘review’ de Without Limits aquí.

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