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Beli Martínez, embajadora en Edimburgo del ‘Novo Cinema Galego’

by Miriam Rodríguez
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Regresa el cine documental a Escocia con la segunda edición de Iberodocs y a juzgar por el programa, serán muchos los que pasarán por las pantallas del Filmhouse de Edimburgo y el CCA de Glasgow entre el 14 y el 24 de mayo.

Regresa el cine documental a Escocia con la segunda edición de Iberodocs, el Festival Iberoamericano de Cine Documental con el propósito firme de fomentar la integración intercultural y la reflexión sobre el concepto de identidad. Y, a juzgar por el programa, serán muchas las identidades individuales y colectivas que pasarán por las pantallas del Filmhouse de Edimburgo y el Centre for Contemporary Arts de Glasgow entre el 14 y el 24 de mayo.

La función de la etiqueta ‘Novo Cinema Galego’ debe ser la de unir y crear un espacio donde se encuentren o confluyan creadores que defienden una forma personal y propia de hacer cine, que trata de abrir caminos y generar interrogaciones.

A su programación natural, compuesta por películas con versión original en portugués y español se suma en esta edición el ‘Focus on Galicia’, una selección especial compuesta por tres largometrajes y cuatro cortometrajes hechos en Galicia y pertenecientes a la corriente del Novo Cinema Galego. Los largos Arraianos (2012) de Eloy Enciso, Vikingland (2011) de Xurxo Chirro y N-VI (2012) de Pela del Álamo y los cortometrajes Spaces of time #1 – Vigo,  Spaces of time #2 – Porto de David Hernández, Montaña en sombra de Lois Patiño y Pettring de Eloy Domínguez Serén conforman el programa.

Beli Martínez será la encargada de representar al Novo Cinema Galego ante el público de Edimburgo. Gallega de nacimiento, su pasión por el cine documental se remonta a sus años como estudiante universitaria “tenía que hacer un trabajo Fin de Carrera y me decanté por hacer un documental que, dicho sea de paso, era un desastre”. La experiencia, que compaginó con sus estudios de Comunicación Audiovisual, le sirvió para hallar “un terreno que permitía indagar y hacer películas uno mismo sin muchos medios. Era un territorio donde podías dedicarle un tiempo personal para investigar y hacer cosas que en la ficción eran impensables”.

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Arraianos

Cuando inicia los cursos de doctorado, decide investigar el incipiente movimiento del Novo Cinema Galego. En la actualidad, transmite su entusiasmo a los alumnos de ‘Teoría y técnica del documental y Producción de ficción en la Universidad’ de Vigo “me gusta enseñar y disfruto mucho dando clases”. Hablamos con ella antes de que viaje a Escocia y la primera pregunta se nos antoja evidente, ¿cómo define el Novo Cinema Galego?

No es un movimiento o una escuela porque las puntos de partida y las intenciones de los creadores son muy diferentes entre todas ellas. Más bien es una etiqueta que agrupa a una serie de creadores que creo es útil definirlo en función de la negación. Se trataría de un cine “no-industrial”, “no-convencional”, “no-de-género”, “no-comercial”, aunque pienso que muchas de sus propuestas son, en su escala, tan o más industriales y comerciales que las habitualmente consideradas en esos grupos.

Creo que además, como propuesta, la etiqueta debe tratar de unir a gente con las mismas inquietudes y, por lo tanto, sus características no se deben cerrar a una serie dada, como puede ser, por ejemplo, que todas las obras deban pertenecer al ámbito del documental, sino que debe englobar muchas otras propuestas.

La función de esa etiqueta debe ser la de unir y crear un espacio donde se encuentren o confluyan creadores que defienden una forma personal y propia de hacer cine, que trata de abrir caminos y generar interrogaciones y no de clausurarlos.

Todas las películas que componen el ‘Focus on Galicia’ están dirigidas por hombres, ¿hay directoras dentro del Novo Cinema Galego?
Sí, las hay. La etiqueta es permeable y mutable. Me gusta la idea de que es como un rizoma y se va alterando, por lo que hay gente que, en un momento dado, se encuentra cercana a la etiqueta, y en otros no, y por eso su trabajo no deja de ser menos interesante. Mujeres hay, está el caso de Peque Varela o Diana Toucedo. Mujeres que fueron más visibles cuando surgió la etiqueta, como puede ser el caso de Susana Rey o Lara Bacelo, otras que trabajan en ficción como Margarita Ledo y las que trabajamos en la trastienda como Ximena Losada.

El cine es una manifestación más de la cultura gallega y, como tal, nos pertenece a nosotros crear nuestros propios discursos y elaborar la imagen que queremos proyectar de nosotros mismos en el cine.

Arraianos y Vikingland son dos largometrajes personalísimos, que trasladan al espectador a una línea difusa que separa la ficción de la realidad. ¿Qué fue lo que decidió tu implicación en cada uno de ellos?
A Vikingland llegué por amistad con Xurxo [Chirro, el director] los dos somos del mismo pueblo, A Guarda. Con él empecé colaborando en el Filminho [Festival de Cinema  Galego e Portugués] y me comentó que había encontrado unas cintas VHS y si se las podía digitalizar. A partir de ahí surge la implicación en el proyecto: vi las imágenes y, claramente, había cosas muy interesantes. Posteriormente, Xurxo trató de mover el proyecto entre las productoras pero se lo rechazaron, así que, cuando no queda otra, hay que apoyar y tirar para adelante con lo que teníamos que era, sobre todo, ganas.

Con Arraianos fue bastante casualidad, entré gracias a José Manuel Sande que lo conocí en el Filminho y me preguntó si estaría interesada en producir la película. Ya había empezado a dar clases, por lo que me podía embarcar en proyectos como Vikingland o Arraianos así que, sin dudarlo, acepté. A veces las cosas surgen de forma casual pero siempre opino que hay que estar ahí, en el sitio adecuado y son un poco azares buscados.

Arraianos, rodado en la frontera entre Galicia y Portugal, transcurre en un pueblo que parece vivir al margen del tiempo y en el que sus vecinos son, también, actores. Vikingland, en cambio, elabora una historia a partir del material encontrado por el director en unas cintas de VHS. La primera se rodó a partir de un borrador pero sin guión definido y la segunda propone una adaptación libre de la novela Moby Dick en once capítulos.

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Vikingland

¿Hubo similitudes en los procesos de producción de ambas?
Son distintos desde el momento en que en Arraianos tiene un largo proceso de rodaje, que se prolonga durante cuatro años y en Vikingland, que directamente no tiene rodaje, nos apropiamos de unas imágenes que no hemos grabado.

Hay cosas similares, como concebir el propio proceso de creación de una película de una forma mucho más abierta que si lo comparamos con una producción tradicional. En ambas películas, hablamos de un tiempo prolongado desde que se concibe la idea hasta que se tiene la película final, y en la que el propio proceso de creación es mucho más flexible y abierto que en una creación tradicional. Por lo tanto, podríamos decir que el propio proceso condiciona mucho la película y, finalmente, este mismo se verá reflejado de alguna manera en la obra.

Lo que es común también a estas dos películas y a otras que he producido es la figura del productor no sólo como un conseguidor, si no una persona que se implica en el proyecto de tal forma que también aporta a la película, aunque no sea autora. También hay algo fundamental que es la idea de acompañar los proyectos. Al tratarse de películas hechas con escaso presupuesto (Vikingland la hicimos con presupuesto cero) y equipos técnicos muy limitados, hay algo muy importante que es acompañar. Acompañar a lo largo de todo ese tiempo que, como he dicho antes, es muy largo. Es importante que hay alguien que esté ahí en las diferentes fases con la película y con el director.

Creo que no hay mayor aliciente en el cine que el de descubrir, bien sena nuevos lenguajes, miradas, creadores o culturas.

¿Consideras que iniciativas como Iberodocs contribuyen a luchar contra los estereotipos culturales?
Evidentemente, Galicia es gaita, es pandereta, somos lengua, es mar y es monte, son aldeas y ciudades, somos los que nos hemos quedado aquí y los que se han ido a hacer las Américas, las Europas o las Canarias. Creo que la programación de Iberodocs ayuda a luchar contra ese estereotipo y a mostrar una realidad mucho más compleja y alejada del provincialismo o regionalismo que ha mostrado a lo largo de muchos años el cine estatal y que se sigue reproduciendo en determinadas películas en el momento actual.

Estos años han sido muy importantes para mostrar que el cine es una manifestación más de la cultura gallega y, como tal, nos pertenece a nosotros crear nuestros propios discursos y elaborar la imagen que queremos proyectar de nosotros mismos en el cine.

¿Qué les dirías a los espectadores de Edimburgo para animarlos a asistir al ‘Focus on Galicia’?
Que se animen a conocer una cultura que creo que puede conectar bastante con el publico escocés y, si no, a descubrir Galicia y a esta corriente de creadores que renuevan el panorama cinematográfico de nuestro país. Creo que no hay mayor aliciente en el cine que el de descubrir, bien sena nuevos lenguajes, miradas, creadores o culturas y creo que esta es una buena oportunidad para hacerlo.

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Foto portada: Fotograma de Arraianos de ARTIKA FILMS.


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