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Guido Benedicto, la trayectoria de un cineasta en ciernes

by Dolores Galindo
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La historia de Guido Benedicto (Bruselas, 1983) es la de tantos otros creadores emergentes que llegan a la capital británica en busca de una oportunidad que encauce definitivamente su vida profesional. Guido pertenece a esa generación crecida en la era global, con las nuevas posibilidades de internet, conocedora de idiomas y ducha en el uso de las nuevas tecnologías, pero con escasas o nulas oportunidades profesionales en su país de origen. De padres españoles, nace en Bélgica y estudia hasta los 12 años en un colegio internacional en Estrasburgo, más tarde cursa la licenciatura de Comunicación Audiovisual en Valencia y vuelve a salir al extranjero, a aprender el oficio de director de cine. Foto © Noela Roibás.

Foto © Noela Roibás
La historia de Guido Benedicto (Bruselas, 1983) es la de tantos otros creadores emergentes que llegan a la capital británica en busca de una oportunidad que encauce definitivamente su vida profesional. Guido pertenece a esa generación crecida en la era global, con las nuevas posibilidades de Internet, conocedora de idiomas y ducha en el uso de las nuevas tecnologías, pero con escasas o nulas oportunidades profesionales en su país de origen. De padres españoles, nace en Bélgica y estudia hasta los 12 años en un colegio internacional en Estrasburgo, más tarde cursa la licenciatura de Comunicación Audiovisual en Valencia y vuelve a salir al extranjero, a aprender el oficio de director de cine.

Con sus tres idiomas y una robusta formación en distintas áreas (cámara, ayudante de sonido y ayudante de dirección) fue incapaz de encontrar un trabajo remunerado en España. Tras seis meses de infructuosos intentos, decidió probar suerte en Londres. Ahora, tras casi cuatro años de lucha e incertidumbre está a punto de estrenar su primer corto, paso obligado de cualquier director de cine cuya meta siempre es el largometraje. En esta entrevista Guido nos cuenta cuál ha sido el arduo camino recorrido hasta conseguir este primer paso de su trayectoria como cineasta.

Como decía Jacques Brel, de la incertidumbre nace el conflicto y de ahí salen las mejores creaciones. Londres te atrapa, te absorbe, es muy dura y muy cara y es difícil encontrar el momento personal adecuado para decir lo que quieres decir y la forma de hacerlo.

¿Siempre quisiste ser director de cine?
¡Desde pequeño! Me interesaba muchísimo ver pelis, me inculcaron el buen cine y siempre me sentí fascinado por lo que pasaba en una pantalla gigante.

¿Cómo es que creciste fuera de España?
Mis padres son docentes y siempre quisieron darnos una educación en contacto con una sociedad plural y culta. Primero fueron a Bélgica y luego a Francia. En Estrasburgo yo iba a clase y se hablaba francés, también estudiábamos inglés y en casa hablábamos español. Yo soy el pequeño de tres hermanos y todos crecimos con una relación muy cercana a otras mentalidades, al arte y a la creatividad.

¿Notaste una gran diferencia cuando volviste [a España]?
Pues sí la verdad, me costó mucho adaptarme al sistema memorístico y de exámenes que había, me sentía un poco marginado,  yo venía de otro país y era como ser extranjero en el mío. Las enseñanzas artísticas no estaban muy bien miradas, recuerdo mi sorpresa cuando un compañero me dijo que estudiaba piano pero que por favor no se lo dijera a nadie. El rango cultural y artístico en Estrasburgo era altísimo, casi todos los chavales al salir de clase iban a escuelas muy especializadas de música, pintura, cine o teatro. En España no había esta tradición, las actividades artísticas eran como una especie de hobby.

Klesh

Klesh

¿Cuándo decides venir a Londres?
Cuando acabé la carrera me fui a hacer tres meses de prácticas a una productora belga y  me quede allí casi un año trabajando para ellos, pasé por todos los departamentos. Después de esto me volví a España pensando en poner en práctica lo que había aprendido, pero fue imposible. Lo poco que me salía era para hacerlo gratis y ya no quedaban ni trabajo de supervivencia. De repente vi mi futuro negrísimo y decidí emprender la huida, en realidad vine aquí a buscar respuestas sin saber qué preguntas me estaba haciendo.

Cuéntanos cómo ha sido tu trayectoria en esta ciudad.
Bueno, lo primero que descubres al poco de llegar es que no hablas el inglés suficiente como para integrarte en tu sector profesional. Esa es siempre la asignatura pendiente, conozco a pocos suecos fregando platos. Yo empecé viviendo en una casa con literas por todas partes donde estábamos once, todos españoles o italianos, periodistas, publicistas, ingenieros… y todos trabajando de camareros o en cocina. Te ves obligado a coger un trabajo basura que te permita pagar las facturas, trabajas 40 ó 50 horas a la semana y con el día libre que te dan es difícil centrarte en lo tuyo. Es un salto desde la comodidad absoluta que es vivir tranquilo en tu país. De todas formas creo que es un aprendizaje interesante, un cambio drástico es un buen momento para salir fortalecido. Aquí al menos puedes sobrevivir, es duro pero poco a poco van mejorando las cosas, si eres capaz de aguantar, al final puedes conseguir lo que quieres.

Aunque traten de tacharnos de exiliados como si fuésemos  victimas de algo o apenados, yo aquí veo gente con muchas ganas y con una manera muy nueva de decir las cosas.

¿Quieres decir que las adversidades agudizan la creatividad?
Exactamente. Como decía Jacques Brel, de la incertidumbre nace el conflicto y de ahí salen las mejores creaciones. Londres te atrapa, te absorbe, es muy dura y muy cara y es difícil encontrar el momento personal adecuado para decir lo que quieres decir y la forma de hacerlo. Además te enfrentas a paradigmas totalmente distintos, a otra manera de plantear los problemas. Yo he tardado casi tres años en poder escribir un guión en inglés, reunir un equipo, rodar… tienes que llegar a un punto en el que te sientes maduro para hacer lo que realmente quieres.

¿Te identificas con lo que se ha dado en llamar la generación exiliada?
No nos pueden etiquetar, hemos tenido la suerte de haber recibido nuevos estímulos, de haber desarrollado aptitudes en territorio extranjero, y eso no puede más que enriquecer nuestras propuestas. Nadie que no haya vivido algo parecido puede percibir como te cambia la mentalidad. Es un aprendizaje constante en el que aprecias lo que traías y abrazas lo que descubres, es una experiencia maravillosa. Aunque traten de tacharnos de exiliados como si fuésemos  victimas de algo o apenados, eso es  estigmatizar, yo aquí veo gente con muchas ganas y con una manera muy nueva de decir las cosas… ¡y vamos a dar mucha caña!.

De hacer de ayudante en documentales históricos y reportajes para televisión te has pasado al corto, ¿ha llegado por fin el momento de contar tus propias historias?
Encontrar tu voz y tu manera de contar historias pasa por muchos puntos de experimentación, para crear algo debe estar anclado en una percepción personal. Hasta hace muy poco no me apetecía contar mis propias historias, creo que para llegar a ser creativo hay que superar muchos miedos y estar lo suficientemente maduro para atar cabos y lanzarte a hacer lo que deseas. Un pintor puede desechar un lienzo y no pasa nada, en una película participa mucha gente y es un riesgo grande el equivocarse, no puedes tirar por la borda el trabajo de todo un equipo, aparte de lo caro que es producirlo, claro.

Fotos © Noela Roibás

Entrevista a Guido Benedicto. Fotos © Noela Roibás

¿Qué directores te resultan imprescindibles?
Uy, hay tantos….Zulueta, Godard, Tarkovky, Saura, Welles, Speilberg, Malick, Renoir, Victor Erice, el cine americano de los 70… me lo veo todo, porque viendo a los grandes es como se aprende.

Háblanos de tu ópera prima, tu primer corto al que has titulado Klesh.
Klesh es una palabra que no existe, una composición metafórica entre Crash (golpe) y Flesh (carne). En versión libre se puede traducir como “El momento del impacto”.  Es de género fantástico y trata de la reacción inmediata ante la noticia de una ruptura inesperada. He querido mostrar la sacudida, el tsunami que provoca una situación así, justo en el momento que eres consciente de que todo explota y se desmorona delante de ti.

¿Ha sido fácil formar un equipo? ¿Surgieron muchos problemas durante el rodaje?
He contado con equipo humano maravilloso, muy internacional, los únicos españoles éramos Rodrigo Gil (sonidista) y yo y para la postproducción, tengo la suerte de contar con un compositor de la talla de Papu Sebastián que se va a encargar poner la música. ¿Problemas?, como es habitual en estos casos ha habido infinidad que he tenido que ir solucionando sobre la marcha, unos técnicos y otros humanos. Para que te hagas una idea el director de fotografía cogió la malaria a mitad del rodaje y hubo que cambiarlo de un día para otro. Rodar es como ir a una guerra, hay mil contratiempos con los que tienes que luchar, son infinidad de detalles y nunca sabes con lo que te puedes encontrar.

Tengo curiosidad por saber cómo se financia un corto cuando aún no se es un director conocido.
Bueno, en mi caso lo he hecho con recursos propios, del dinero de mis ahorros y del apoyo familiar. He gastado mucho dinero en el alquiler del equipo y en pagarle a todo a mundo. Podía haberlo hecho con menos pero ha sido el primero y siempre pagas un poco la novatada. Creo que tu primer corto es como una carta de presentación y tenía mucho interés en que saliera bien.

El micro-mecenazgo crea lazos a la vez que te llevas muchas sorpresas, igual gente que conoces no te ponen un duro que un desconocido del otro lado del mundo te apoya con 50 libras

¿Para cuándo el estreno?
Aun falta la última fase, la de postproducción. Lo cierto es que el dinero que tenía no ha cubierto todo el proceso. Ahora tengo en marcha una campaña de crowdfunding para conseguir las últimas 2.500 libras que nos hacen falta. Me está resultando una magnífica experiencia, el micro-mecenazgo crea lazos a la vez que te llevas muchas sorpresas, igual gente que conoces no te ponen un duro que un desconocido del otro lado del mundo te apoya con 50 libras. Este tipo de financiación de unir muchos pocos es la solución perfecta para los proyectos emergentes, en mi caso espero conseguir esa cantidad para ver acabado mi primer trabajo.

¿Qué planes tienes para el futuro?
Ya tengo en mente el segundo corto, voy a hacer algo cercano, conectado con la ciudad, con mi entorno cotidiano. Quiero seguir haciendo cine hasta encontrar mi propio estilo, mi propia voz y sobre todo historias que se puedan financiar [risas].

¿Qué le dirías a alguien que está pensando dedicarse a hacer cine?
Que no se lo piense dos veces y que vaya a saco, que empiece a hacer cine sin miedo, confiando en sí mismo. Siempre encuentras gente que te ayuda a crecer pero solo hay una forma de contar historias y es a tu manera. Aquí puedes luchar por lo que quieres, el único secreto es no rendirse, no dejarse llevar por el pesimismo, es importante tener una lectura positiva de las cosas. Con paciencia y tesón al final puedes conseguir todo lo que te propongas.

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La campaña termina el próximo 18 de febrero y puedes apoyar a Guido Benedicto aquí: www.kickstarter.com/projects/klesh/klesh
Si quieres saber más sobre su trabajo: www.guidobenedicto.com
Web oficial de Klesh: www.kleshshortfilm.com

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